Responsabilidad Social empresarial como parte de la visión estratégica de la empresa.-.


Actualmente, con una sociedad cada vez más cambiante en la que los nuevos hábitos nos encaminan hacia estilos de negocio responsables con el entorno que nos rodea, es necesario conocer la estrategia que poco a poco se está implantando en las organizaciones.

La Responsabilidad Social Empresarial o Corporativa se caracteriza por aportar una  contribución activa, y sobre todo voluntaria, en la mejora de las organizaciones a un triple nivel: social, económico y medioambiental.

De igual manera trata de interactuar con los grupos de interés, los llamados “stakeholdes”. Éstos comprenden a todas las personas que, de alguna manera, se ven involucradas en las actividades y decisiones de la empresa; clientes, proveedores, socios, trabajadores, administraciones, etc… 

Con esta pequeña pincelada del concepto de Responsabilidad Social Empresarial pasamos a ver cuáles son los objetivos que persigue. 

Éstos pueden ser varios, desde renovar la imagen corporativa y aumentar el valor añadido,  hasta mejorar la situación competitiva de la empresa con respecto a sus competidores, consiguiendo una diferenciación  respecto a ellos. Son diversos los objetivos y beneficios que  pueden llevar a las organizaciones a implantar acciones de responsabilidad social, pero debemos concienciarnos de que el fin último y primordial de realizar esta labor debe ser que la sociedad mejore en su conjunto. 

Para ello la empresa, en su proceso de toma de decisiones, debe tener en cuenta y valorar el impacto y las repercusiones que sus acciones pueden provocar en la sociedad y el medioambiente. 

Es importante saber que este tipo de acciones no solo están dirigidas solo a grandes empresas, todo lo contario, es esencial que las PYME (que son la gran mayoría) incorporen este tipo de conductas y valores, ya que cada acción, por pequeña que sea, cuenta.

En GMR Management desde hace más de quince años,  incentivamos el “consumo cero de papel”, reduciendo de forma progresiva y ordenada el uso de éste, mediante la sustitución de los documentos de soporte físico a electrónico. Esta actuación, por pequeña que sea, no sólo nos aporta un ahorro en costes y una mejora de nuestra productividad, sino que tiene una repercusión directa en el medioambiente.

Con esto perseguimos devolver a la sociedad parte de lo que ésta nos reporta, tratando, como ya hemos dicho, de introducir mejoras en ella. Mejoras que deben ser medibles mediante indicadores, los cuales son muy útiles para saber si los cambios que introducimos están teniendo los resultados esperados en la consecución de nuestros objetivos. 

Toda mejora requiere de una serie de acciones, que  deben estar ligadas a una estrategia, ser voluntarias, (ir más allá de lo que la ley nos estipula),  no deben ser arbitrarias,(en ellas participarán todos los grupos de interés que se vean involucrados), tendrán la máxima transparencia y se basarán en un desarrollo sostenible; dicho de otro modo, satisfarán las necesidades presentes sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones, garantizando así el equilibrio entre el bienestar social, el crecimiento económico y el cuidado del medio ambiente.

Pero todo ello no será de mucha utilidad sin la elaboración de una buena memoria de Responsabilidad Social Empresarial. Esta memoria recoge en un documento público, los criterios, compromisos y actividades que la organización lleva a cabo y que pueden tener una repercusión social, por lo tanto es importantísimo e imprescindible que este documento este bien realizado. Elaborar una misión, una visión y unos valores será fundamental en esta tarea. 

La institución más representativa para establecer los parámetros a seguir en las memorias es el Global Reporting Initiative (GRI). Se utiliza como referencia en la mayoría de organizaciones que elaboran memorias de Responsabilidad Social.

Como soporte normativo, tendremos la ISO 26000, la cual tiene el propósito de fomentar que las organizaciones vayan más allá del cumplimiento legal con sus acciones, dando por hecho que el cumplimiento de la ley es una obligación fundamental en cualquier organización. Sin embargo no es una norma certificable. En este sentido tenemos la SGE 21, que es la primera norma europea que permite implantar, auditar y certificar un sistema de gestión ética y socialmente responsable, es una herramienta clave para la integración social, económica y ambiental. 

Pese a no ser un concepto totalmente novedoso, la mayoría de organizaciones no implantan este tipo de medidas.

Es cierto que la responsabilidad social empresarial puede parecer de inicio un coste extraordinario o adicional para la empresa, sobre todo al documentarla, y que exige de las organizaciones una mayor adaptación y flexibilización para propiciar nuevas costumbres en pro del bienestar social, económico y medioambiental que en muchas ocasiones es difícil ya que las antiguas prácticas están excesivamente arraigadas en algunas organizaciones. 

Pero seamos realistas, la sociedad está en continua transformación y con ello la forma de hacer negocios, lo que exige cada vez más medidas de responsabilidad social, por eso no debemos ver en ella una moda pasajera;  ha venido para quedarse, e implantándola a largo plazo conseguiremos mejores resultados, mayor confianza, respeto y motivación. 

Como dijo William Clay Ford Jr., de Ford Motor Company “Crear un negocio fuerte y construir un mundo mejor no son metas contradictorias: ambas son ingredientes indispensables para el éxito a largo plazo”.


MÓNICA GONZALEZ TORTOSA


GMR Management y Servicios jurídicos () | 1 noviembre 2018