El valor de tener valores.


En estos últimos años hemos escuchado la palabra "crisis" en demasiadas ocasiones. Tantas, que la palabra ha quedado totalmente desprovista de su significado. 


La situación económica actual no es nueva. Los ciclos económicos se suceden constantemente y la sociedad siempre ha tenido la capacidad de adaptarse a estas nuevas situaciones. "Reinventarse" como dirían algunos. 

¿Qué esta ocurriendo en realidad en este momento? 


Pues ni más ni menos que una falta de valores, y no quiero utilizar en este caso la palabra "crisis", porque me hice el firme propósito hace tiempo de eliminarla de mi vocabulario. Verla aquí escrita me parece incluso excesivo. 




¿Qué es entonces lo importante?

Muy simple, el valor de tener valores. 


Y este valor, en sentido más extenso de la palabra, es el que se debe aplicar en cualquier organización. 

Especialmente, en esta época del año, en la que el ambiente navideño se ve ensombrecido por los cierres de ejercicio, inventarios, auditorías, juntas de socios ...es el mejor momento para hacer propósito de enmienda.


El otro día, en una junta de socios en la que se debatía cual era el perfil del nuevo gerente que se buscaba para la empresa, se puso de manifiesto el consenso entre socios y trabajadores de la mercantil en cuestión, sobre las cualidades necesarias.


Entre ellos, me gustaría destacar ciertos aspectos que se debatieron en aquel momento:


Se busca un Mesías. Un líder que predique con el ejemplo, capaz de arrastrar a todo el equipo que lleva detrás. Es difícil sostener un liderazgo que no se base en la ejemplaridad en la forma de actuar. El líder es el espejo en el que se miran los demás. El ejemplo arrastra, muy por encima de la palabra.


Cohesión. En toda organización nos encontramos con una sinfín de personalidades con distintas formas de pensar y de actuar. El compromiso del líder es capaz de sacar el talento del equipo y si éste está comprometido dará lo mejor de si. Los líderes con grandeza hacen grandes a los demás. 


Coherencia. No procede del hecho de complacer haciendo lo que la mayoría espera, sino de armonizar lo que hace con lo que dice y lo que dice con lo que hace, a menudo a contracorriente y soportando la soledad. De este modo, todo el equipo será capaz de trasmitir el mismo mensaje. 



Credibilidad. El líder ha de ser creíble, ser un evangelizador que haga que los demás le sigan. Esto hace que sea magnético.


Trabajo en equipo. Todo el equipo cuenta, incluso los que están en el banquillo deben jugar para saber que se cuenta con ellos. Si tu los haces grandes, ellos te harán grande.


Aprendizaje.La vida es un aprendizaje continuo. El líder ha de aprender a ser una esponja viva que absorbe conocimiento constantemente.


Pasión por lo que hace.




Conocimiento a fondo de la organización. La historia no empieza con su llegada a la empresa, sino que tiene esencia propia, y tiene que empaparse, zambullirse en ella. 


Es de bien nacido ser agradecido. Por eso se busca un líder que sepa querer, que sea humilde y que sepa agradecer el trabajo del equipo. 


Confianza. Debe ser extremadamente desconfiado para saber en quien confiar y a quien escuchar. 






Trabajo en equipo, claridad de ideas, belleza, humildad, generosidad y un corazón enorme. ¡Ahí es nada lo que se exigía para el nuevo puesto de gerente en aquella organización! 


Pero pese a que aparentemente pueda parecer complejo, es más simple de lo que parece. 


Steve Jobs dijo una vez: "Haz lo que amas y ama lo que haces"


Ciertamente sólo de este modo serás capaz de predicar con el ejemplo y ser el Mesías de tu organización. 


 

La vida es esfuerzo, sacrificio, autoexigencia, y trabajo bien hecho.



"No hay viento favorable para el que no sabe hacia donde se dirige", según reza una célebre cita clásica.


Es imprescindible saber hacia donde se dirige uno y la estrategia que se implementará para llegar hasta allí. Porque la estrategia depende de los objetivos y sólo de ese modo existirá coherencia en el mensaje que se trasmite. 


El líder tendrá una Misión, una meta y en ella pondrá todo su talento y energía. Será un conjunto coherente de actitudes, una batería de hábitos reiteradamente implantados, un estilo de trabajo, que será capaz de mover al equipo en la dirección correcta, no necesariamente hacía donde sople el viento.  



Trabajo, trabajo y más trabajo y buena dosis de sentido común constituyen el único camino para conseguir que la organización te vea como un verdadero líder, un Mesías.


Pero también hay que ser capaz de afrontar los reveses del negocio. Victoria y derrota cierran el círculo, porque "nunca un mar en calma hizo buenos marineros".


Laura Mollá Enguix (Socia fundadora GMR Management) | 8 diciembre 2013