El lado oscuro del Abogado.


EL LADO LUMINOSO DE LA FUERZA.-

    Utilizando como inicio el símil creado por la mítica saga de George Lucas en Star Wars entre la distinción del Lado Oscuro y el Lado Luminoso de la Fuerza, para separar el bien y el mal, así como la forma de obtener el poder, explicaré lo que no se ve en el despacho de un abogado.


    El Lado Luminoso de la Fuerza es el elemento alineado con la sabiduría, la nobleza, la paz y la justicia.

    Del ese modo, cuando el cliente acude a un despacho jurídico, presupone que la sabiduría y la justicia la va a encontrar en el profesional que tratará su expediente.

    El abogado ha cursado unos estudios, y permitirá que el  cliente obtenga el reconocimiento de lo que se estima justo y bueno, en su concepto de la Justicia. La nobleza y la paz, entendida como generosidad, honradez y total ausencia de maldad en una persona, en su comportamiento, su actitud o sus acciones, también es inherente a la actuación profesional del abogado. Los principios de confianza y de buena fe presiden las relaciones entre el cliente y el abogado, que está sujeto al secreto profesional.


Hasta aquí, todo idílico, conceptualmente hablando.

Pero, ¿qué ocurre con el Lado Oscuro?. El lado oscuro del abogado.

Aquí no voy a utilizar la mítica frase de Yoda en su conversación con Anakin Skywalker.

No voy asimilar el Lado Oscuro del Abogado al mal, odio, resentimiento y venganza, propio de Darth Vader. 

El lado oscuro, es aquello que no se ve, aquello que el cliente no conoce del Abogado cuando abandona su despacho.

Es común (quizá no en las grandes ciudades, pero si en poblaciones pequeñas), encontrarnos con algún cliente o potencial cliente por la calle, que te formula una “simple” pregunta que quizá pueda ser contestada con un si o un no rotundo en cualquier otro contexto, pero que en Derecho suele ser un “depende”.


También es habitual que te formulen una llamada telefónica que requiere un asesoramiento jurídico meditado y consensuado con la normativa jurídica pero que para el cliente son “apenas cinco minutos de tu tiempo”.

¿Que hay detrás de todo asesoramiento jurídico?

  • Hay mucho tiempo de estudio, al margen de una carrera universitaria. Como decía Al Pacino en “Pactar con el diablo” ¡El Derecho está en todas partes!, por lo que la necesidad de actualización e interrelación entre las distintas áreas jurídicas exige un estudio y actualización constante.
  •  Lectura detenida de jurisprudencia que interpreta la norma que el legislador no supo plasmar debidamente cuando redactó el articulado de un determinado código.
  • Inseguridad de los profesionales que trabajamos por y para el derecho, con una constante dependencia de la lectura diaria del BOE y demás publicaciones autonómicas.
  • Lucha con las publicaciones en prensa que no reflejan la realidad de las sentencias o de las reformas, influyendo negativamente en la percepción que el ciudadano tiene de la Justicia y el Derecho.
  • Cuando el cliente abandona el despacho, existe una gran cantidad de trabajo de gestión, documentación y estudio que finaliza con un informe jurídico o una reunión para exponer conclusiones que posiblemente solo dure treinta minutos.  Y esto es lo último que percibe el cliente. Sin embargo, detrás de esos “cinco minutos” hay una análisis DAFO del problema planteado por el cliente, hay un detenido análisis de antecedentes, revisión de documentos, definición de objetivos,  prioridades, y alternativas que llevan a una conclusión jurídicamente fundamentada. Las soluciones no se improvisan. Detrás de cada respuesta o propuesta de actuación hay muchas horas de trabajo que no se ven.
  • El retraso en el señalamiento o celebración de los juicios impiden que podamos disponer de nuestro tiempo, y en ocasiones llevan a la cancelación de citas ya previstas.
  • Cuando nos estamos dedicando al estudio de su expediente o estamos reunidos con él, le estamos dedicando nuestro tiempo al 100%, sin abandonarle por otro cliente. 
  • Además de nuestros conocimientos jurídicos, que deben actualizarse periódicamente, debemos contar con habilidades de gestión, marketing, empatía, y de psicología que no nos encseñaron en la Universidad, de modo que tenemos que formarnos en ellas.
  • Con independencia de que el cliente acuda o no al despacho, hay unos costes de formación, bases de datos, adquisición de material, sistemas informáticos y actualización constantes del profesional que le atenderá en un determinado momento.
  • El cliente quizá no ve más que un horario de atención “al público”, cuando en la gran mayoría de ocasiones, tras el “cierre” hay una gran cantidad de horas de estudio penalizando en muchas ocasiones la vida personal y familiar del profesional.
  • Quizá el abogado no sea su amigo, pero se preocupa del cliente, piensa en él, sufre la penalización de horas de sueño pensando en como resolver el problema, cuando quizá, en ocasiones no tenga solución y se deba buscar la mejor alternativa posible. 
  • La empatía con el problema del cliente lleva en ocasiones a problemas de salud propios, que el cliente no conoce. A veces, el deporte es la única manera de evitar los mismos.
  • La experiencia es un grado que en ocasiones no se percibe y lleva a mayor rapidez en la solución del problema. Esta rapidez de resolución es fruto de muchos años de estudio, formación y especialización constante.
  • Que el hecho de llevar una tablet o un smartphone de última generación, no es capricho, ni vanidad, sino que además de permitirnos optimizar los recursos y cuidar el medio ambiente con el ahorro de papel, nos permite tener acceso a los expedientes, y en consecuencia ser más efectivos en nuestro trabajo. Lo que en consecuencia va en benefició del cliente.
  • A veces, devolver una simple llamada a un cliente, es una odisea entre la cantidad de obligaciones jurídicas, administrativas y formativas a las que debemos enfrentarnos diariamente.
  • Las obligaciones que nos impone la Administración como los relativos a la garantía en la protección de datos del cliente, la lucha contra el fraude mediante las obligaciones previstas en la Ley de Prevención del Blanqueo de Capitales, seguros de responsabilidad civil, y otras muchas que el cliente no percibe y van más allá de la apertura de su expediente.

Porque detrás de esos “cinco minutos” que ve el cliente, hay mucho trabajo que no se ve, y de ahí la percepción de los ciudadanos sobre la opacidad del trabajo del abogado. 


Agradecer a Jorge G., Fernando M., Javier, Asunción P., y Alfredo H. por sus aportaciones a este post, que estoy segura que se podrá enriquecer con los comentarios de otros compañeros y clientes, a lo que os invito.


Os deleitamos con la Marcha Imperial interpretada por la Orquesta Filarmónica de Viena.



Laura Mollá Enguix (Socia fundadora GMR Management) | 24 noviembre 2013